Tema libre
Llegué al taller literario del dramaturgo, escritor y psiquiatra, Marco Antonio de la Parra por recomendación de mi amigo y entonces coachee Alberto Chacón. Debió ser el año 2003 y fue una forma muy íntima de darme libertad, porque todo funcionaba bien en mi vida y, sin embargo, algo me faltaba.
Leyendo a Ronald Heifetz y sus libros de liderazgo supe que lo que sentía se llamaba falta de un "ancla de armonía": aquello que nos hace sentirnos en equilibrio y que, cuando lo dejamos fuera por las presiones de la responsabilidad, nos lleva a sentir una carencia. Faltaba la literatura en mi vida, mantener vivo mi gusto por escribir.
Marco Antonio nos encargaba cada semana escribir un cuento. A veces, el requisito era usar un tiempo verbal: algo que ocurrió en el pasado, o que está ocurriendo o que, como si fuésemos dioses, sabemos que ocurrirá.
Otras veces, el requisito era el narrador: usando la primera persona, "me asomé a la ventana y la vi"; usando la segunda persona: "te asomas a la ventana, sentada frente al mar ella te espera"; o el narrador omnisciente: "se asomó a la ventana, ella leía junto al mar. En realidad le estaba esperando. Él se puso el sombrero negro sin esperanza". En otras su encargo era temático. "escriban sobre lo que nunca pasó aquel invierno".
Una ocasión, la que da título a este artículo, dijo: Tema libre. Y lo que parecía fácil, se hizo más difícil. Ya no había un pie forzado: teníamos que usar la libertad que tanto reclamamos.
Yo escribí el más largo de mis cuentos "La saga/fuga de Alicio en Castroforte del Baralla", la ciudad ficticia creada por el gran Gonzalo Torrente Ballester.
Hoy he imaginado que el querido De la Parra nos convocaba en secreto para que escribiésemos un artículo mezclando "Tema Libre", el libro de Alejandro Zambra, y la Inteligencia Artificial. Y aquí estoy, sumido en la extrañeza y haciéndome preguntas antes de empezar. Tal vez para retrasar el inicio real de lo que nos ha pedido, alargando un contexto innecesario, que para el que escribe sea una forma de entender lo que quiere decir.
De momento le he preguntado a Chat GPT por el imaginario pedido de Marco Antonio de la Parra y directamente ha sugerido que el título sea ¿Tema libre? La inteligencia artificial y la libertad de pensar.
Por lo pronto, no le hago caso, aunque reconozco que su propuesta ya nos enfrenta a una pregunta: ¿cuán libres somos hoy? , ¿qué espacio nos queda para considerar que elegimos lo que elegimos con redes sociales que nos mienten, con medios de comunicación que nos ocultan el bien y amplifican el mal y con esta IA que gentilmente nos hace creer que pensamos lo que queremos pensar y que el mundo es aquello que creemos?
¿Somos realmente libres?
Creo que este camino me alejaría de la literatura que es lo que cultiva Alejandro Zambra y, aunque sea breve, quiero referirme a un pasaje de uno de los relatos de su libro, al que titula "El amor después del amor" como la canción de Fito Páez, donde dice algo que comparto plenamente y que he callado discretamente estos años, dado que tengo tantos amigos y amigas argentinos:
Yo no soportaba -ni soporto- la voz de Fito Páez, pensaba que se reía de la gente, que era una parodia, que nadie que cantara así podía pretender que le tomaran en serio.
He respirado profundamente al leerlo. No estoy solo. Y tampoco es envidia porque lo eligiera Cecilia Roth a él, aunque fuera por poco tiempo, y no a mí.
El título “Tema Libre” puede convertirse en la puerta de entrada a una pregunta política y cultural: ¿Podemos adjudicarnos la libertad para elegir el tema cuando se dirigen los espacios en los que depositar nuestra atención?, ¿nos queda solo el espacio del arte y la ficción?, ¿o también nos queda el espacio de la desobediencia?
Y aquí me enfrento con mi deseo de encontrar caminos para estar juntos con quienes piensan distinto a mí, porque mi desobediencia podría coincidir con su obediencia.
La editorial que publica a Zambra mantiene que el autor reivindica una escritura que se mueve, se contradice y va del yo al nosotros con una forma “cálida y desatada”. Pero ¿me está invitando a leerlo con libertad?
Cuando Marco Antonio y, antes en el colegio, nos decían “tema libre”, parecía que nos estaban ofreciendo la forma más sencilla de libertad: escribe sobre lo que quieras. Pero elegir de qué hablar nunca ha sido un acto tan inocente. Elegir un tema es elegir aquello a lo que entregamos nuestra atención. Y hoy, mientras creemos que tenemos más posibilidades que nunca para elegir, la inteligencia artificial empieza a sugerirnos qué leer, qué mirar, qué comprar, qué pensar, qué decir y hasta qué podríamos querer.
¿Cuál es, entonces, el sentido de este artículo que escribo en agosto del 2026? Lo escribo para sumarme a lo que estoy entendiendo que propone el autor, la posibilidad de desviarse de cualquier propuesta terminada, la posibilidad de desobedecer los propios pensamientos y las reglas de un estilo, de contradecir lo que pensé anoche porque hoy es otro día y seguramente, una realidad distinta.
No podemos dejar de buscar lo que no sabemos que estamos buscando. La creación más sorprendente puede surgir de lo que hoy no nos interesa, porque la atención no sigue un camino recto cuando nuestra intención es mantener la libertad en un escenario lleno de cruces de caminos.
Le propongo entonces a Chat GPT otra pregunta ¿La IA nos está dando más libertad o nos está quitando el derecho a perdernos? Obedecer las indicaciones de un camino nos llevará siempre a un sitio conocido. Mi tema libre apuesta a la sorpresa y a las posibilidades de aprender a pensar en el extravío.
Cuando las conversaciones se repiten y son explícitas, aumenta la posibilidad de que sean controladas. Así es que termino aquí de mostrar mis pensamientos, para seguir pensando a solas sin que la IA lo sepa y le advierto ya, que probablemente mañana estaré en desacuerdo con lo que hoy escribo, en defensa del Tema Libre.
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