El valor del coraje
Coautores de este artículo: María Luisa España y Juan Vera.
María Luisa y Juan se conocen desde 2015, cuando ella asumió, en noviembre de ese año, como jefa de Gabinete del Intendente metropolitano de la Región de Santiago. Exactamente el día 9 de noviembre, Juan, a solicitud del Intendente Claudio Orrego, inició un acompañamiento como coach de María Luisa, a la que desde ahora llamaremos Malú o Malu, dependiendo del día. Trabajar con ella fue fácil e inspirador para Juan, y así lo recoge en las bitácoras de las sesiones de coaching de esa época.
El 2 de marzo de 2017, Malú pidió a Juan que le acompañara también en su nuevo puesto de subdirectora nacional del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género. Dado que ese año se creó oficialmente el Ministerio de la Mujer en Chile, también se creó el SERNAMEG, el servicio que tenía la responsabilidad de generar y operativizar la política de género en las 15 regiones con sus programas, Malú funcionaba en la práctica como la gerenta del servicio, veía presupuesto, recursos humanos y gestión de programas.
Aprovechando el meticuloso orden de Juan, sabemos que la primera bitácora de ese periodo empezaba diciendo: “Nuestra última sesión terminó con la pregunta ¿Por qué no hacemos coaching al coraje? Y es precisamente éste, el tema que Malú quiere tratar en el proceso que ahora iniciamos”. Y desde ese mismo día empezaron a hablar de una interpretación del coraje que Juan propuso, a partir de la primera acepción del diccionario de la RAE:
1. m. Impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo, valor.
Ambos recuerdan esa etapa como un momento relevante: allí nació una profunda amistad y, para Juan, constituyó un desafío creativo que lo llevó a construir toda una metodología, que después desarrolló en un artículo y en conferencias en diversos foros latinoamericanos.
Coincidiendo con esa revalorización del coraje, el 18 de mayo del 2017, Juan escuchó en la televisión a Barack Obama, en la Fundación Kennedy, hablando sobre el coraje: “El coraje no es solo llevar adelante un proyecto político, sino hacer lo que creemos en lo más profundo de nuestro corazón”.
Anotó la frase y en la siguiente sesión con Malú le preguntó: “¿Qué es lo que crees en lo más profundo de tu corazón? Deja que se exprese, míralo de frente. Ese es tu auténtico compromiso, el que llamará a tu coraje”.
Han pasado muchos años y han seguido en contacto. Malú ha participado en diversos programas dirigidos por Juan, incluido Biolibros de Humanidad.
Hoy Juan sigue acompañando a Malú en su puesto actual de secretaria Municipal de la Comuna de Renca y siguen teniendo grandes conversaciones.
Por eso Juan ha propuesto a Malu, la más poética de sus versiones, que escriban juntos un Artículo articulado recuperando el valor del coraje y lanza la primera pregunta:
Juan Vera (J.V.):— Malú querida, aquí estamos, de nuevo dispuestos a una nueva conversación, y quiero empezar preguntándote ¿Qué ha significado para ti el coraje durante estos años?
María Luisa España (M.E.):— Juan, ¿serás, además de maestro, un brujo? Esta invitación llega justo cuando estaba en el abismo, atascada, sin lograr recordar con exactitud los pasos de mi danza. Como bellamente afirmaba Martha Graham, “la danza es el lenguaje oculto del alma”, y la mía parecía haber olvidado su idioma. En ese encierro, solo podía leer mi cuaderno de notas y evocar aquella gran verdad de Nelson Mandela: “Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él”. Entendí entonces que el coraje no era la falta de temor, sino la emoción que se enfrentaba a él, que lo miraba directamente a los ojos. Lo reconocía y luego bailaba con él; lanzaba un pie con fuerza para tomar la decisión de actuar, mientras con mis brazos iba al interior del alma para comprometerme con mis valores. Cada movimiento transformaba la brecha del miedo en una oportunidad, a pesar de la incomodidad que pudiera provocarme.
En aquel año de conversación, mi coraje era pendular, oscilaba de un extremo a otro. Lo veía pasar algunos días —especialmente en mis dimensiones políticas y de trabajo— con acciones en el límite de lo temerario y, otras veces, de lo imprudente: saltaba sin preparación, subestimaba el peligro e instalaba un voluntarismo ciego. Esos días, que por cierto no eran pocos, terminaba frustrada o dañando a otros, e incluso a mí misma.
En esa danza de reconocer el coraje, la mayoría del tiempo deambulaba con una parte de mi ser paralizada. Mis piernas y brazos, palabras y pensamientos, quedaban atrapados en un limbo, capturados o resignados en el miedo. Sin saber cómo salir de ahí, mi reacción para cuidarme era rechazar cualquier situación que pudiera dejarme expuesta. Olvidaba temporalmente lo que nos recuerda Brené Brown: “El coraje comienza con la vulnerabilidad; con el valor de mostrarse tal como uno es, incluso cuando no podemos controlar el resultado”. Al huir de ese riesgo, simplemente dejaba de bailar, me autoconvencía de que no había oportunidades y me sentaba en la “zona de confort”. Yo quería ser amada y jamás odiada; otras veces, respetada y jamás enjuiciada.
Hoy me preguntas: ¿Qué ha significado para mí el coraje durante estos años?
El coraje es mi danza. Entro cada cierto tiempo al espejo de Alicia en el país de las maravillas, respiro profundo, busco equilibrar mis miedos, reviso el espacio e identifico mis riesgos. Busco al conejo y su sombrero; a veces me desdoblo y soy yo misma, otras tomo la mano de algún lazarillo y danzo. Mis movimientos son básicos y universales: siete acciones fundamentales que me permiten deslizar la técnica en mi cuerpo y alma. Ellas son mi coraje.
El primero es Plier (Doblar): cierro los ojos, hago un demi-plié, flexiono las rodillas (mis miedos están ahí) y mantengo los talones en el suelo para que crean que no los vi. Luego, genero un grand-plié y los elevo; ese movimiento es vital: me prepara para los giros y amortigua mis saltos.
El segundo es Étendre (Estirar): en dos segundos respiro, mantengo los ojos cerrados, alargo y estiro mis piernas y brazos. Así mantengo una línea clásica y estilizo el cuerpo para que pueda sostener mis incertidumbres.
El tercero es sigiloso, Relever (Elevar): subo a la media punta o a la punta, despego los talones del suelo, gano altura y equilibrio, y voy hacia lo profundo de mi corazón.
El cuarto es Glisser (Deslizar): desplazo suavemente mis pies por el suelo. Debo comprobar quién soy; luego me deslizo por el espacio, reviso dónde estoy y mantengo así mi peso controlado y el equilibrio de mi ser.
El quinto es Sauter (Saltar): me impulso desde el suelo hacia el aire, suspiro suavemente; no hay peligro. Gestiono una correcta flexión, salto, miro al cielo y bajo con una irreverencia gentil.
El sexto consiste en sostener con seguridad, un Élancer (Lanzar/Impulsarse): son movimientos rápidos y dinámicos donde puedo mirar, decir, hacer y pensar. Me veo ahí, lanzando una pierna y luego mi cuerpo hacia una nueva posición; lo logré, tomé la dirección que estaba allí, en mi corazón.
El séptimo movimiento es Tourner (Girar): voy rotando sobre mi propio ser, el eje es mi cuerpo y la mente permanece sigilosa. Oscuridad y luz se apoyan y se entrelazan en una pirouette. Regreso desde el espejo sabiendo que puedo hacer lo que creo en lo profundo de mi corazón: saco mi voz y sigo danzando, una y otra vez.
En 2017 me regalaste esa frase de Barack Obama sobre hacer lo que creemos en lo más profundo del corazón, y hoy cierro mi respuesta regresando del espejo de Alicia con esa misma certeza, ahora te devuelvo el espejo a ti, Juan: después de tantos años acompañando el coraje de otros, y viendo cómo ha cambiado el mundo desde nuestras primeras sesiones, ¿qué es lo que hoy habita en lo más profundo de tu propio corazón y qué tipo de coraje te está exigiendo hoy a ti?
J.V.:— Gracias, Malu, por tan amplia respuesta. No tengo que pensar mucho para decirte que en mi corazón habita la gratitud. Me considero un hombre afortunado. En mi vida se han ido dando las cosas, permitiéndome mirar al mundo desde lugares distintos. Es como ver una obra de arte desde diferentes ángulos. Poder vivir la superación, con su luz, y el desgarro, con su sombra dramática. El amor más romántico y el amor nuestro de cada día.
Hoy habita además un sentimiento de vivir la vida con más lentitud. Es como pasar del andante al adagio. Trato de alargar la vida para observarla. Permitirme una dosis de soledad, sabiendo que estoy bien acompañado. Me viene la idea de la voluntaria soledad del ser. El tiempo de silencio buscado. No tiene que ver con La insoportable levedad del ser (1984) que pregonaba Milan Kundera, sino con todo lo contrario.
Y en eso hay también coraje, tal como lo definimos en nuestras largas charlas del 2017. Por lo tanto, no es abandono ni olvido de mí mismo, sino una voluntad de habitar espacios dejando espacio, de recrear la mirada en el crepúsculo haciendo balances y recrearla en los amaneceres cuando aún no aparece la luz, pero ves sus destellos y sabes que tienes la oportunidad de un nuevo día. Esa fortuna de sentir alegría y sentir dolor, que es una buena forma de decir y saber que estoy vivo.
No busco el tempo del stringendo. El allegro con moto no da paso al vivace, pero la música no cesa y se cuela por las rendijas de mis paredes interiores, de las relaciones que se conservan y las que aún se inician. Nada está detenido, todo está vivo y permanece sabiendo que la vida es impermanencia.
No sé si la vida me exige, más bien escucho que me concede la posibilidad de seguir pensando, amando, creando. La posibilidad de no renunciar a la vigencia y de poder ofrecerme a acompañar a otros y hacer que el mundo hostil que ven los jóvenes no se convierta en desencanto, sino en desafío.
El futuro vive en el presente, y eso me hace abrazar los momentos y tratar de que sean significativos. Tú participas de algunos de esos espacios en los que pretendo que todos los que estamos sintamos la belleza,y ese es el propósito en el que la voluntad está puesta, porque sí, Malu, creo en la voluntad, sin que por eso deje de apreciar que de la misma forma que somos parte del todo, somos parte de la nada.
He querido siempre rendir homenaje a lo poético y, tal vez, hoy está en una feliz convivencia con lo filosófico. La fuerza física ha decrecido, la violencia del entorno ha aumentado, la inteligencia se abre camino, entonces, hacia el poder de la influencia, hacia las posibilidades que lo sutil nos abre para no perder posiciones en el escenario de una esperanza activa.
Creo que también tú sabes de esto, que también tú tienes que asomarte a tus saberes menos beligerantes, sin dejar por ello de cuidar y defender aquello en lo que crees. Y eso me lleva a mi segunda pregunta, Malu. ¿Qué estás resuelta a defender hoy en tu vida?
M.E.:— Juan, estoy resuelta a defender mi derecho a danzar, abrazar y habitar mis silencios. De todas las dimensiones por las que he caminado en esta vida, durante años la laboral fue la que llevó mi punta de lanza. Sin embargo, hoy mi mayor energía y luz emergen cuando me encuentro en mi ser abuela. Defiendo los espacios con los míos, el encuentro en familia y la certeza de que, en ese refugio, puedo entregar el legado de ese amor solidario, incondicional y libre de juicios que me ha salvado tantas veces.
No estoy dispuesta a abandonar mis convicciones, esas que habitan en lo más profundo de mi corazón: justicia, dignidad, respeto e inclusión. Cuando me afianzo en ellas, soy capaz de enfrentar mis miedos en todas mis dimensiones. Si tuviera que definirlo como un verbo, sería amar. Por eso, estoy resuelta a defender el derecho a amar, un afecto que hoy camina de la mano con la razón, intentando equilibrar la fuerza de los vientos,respetando mis silencios y buscándolos como un espacio de dignidad para lo profundo de mi ser.
Han pasado muchos años desde mi acción política más combativa. En aquellos tiempos, defendía el derecho de que todos pudiéramos decir lo que pensábamos y creíamos; era capaz de dar la vida para que otros pudieran expresarse, la dictadura nos arrebataba la dignidad, la justicia y nos excluía a quienes pensábamos distinto; fue una época dolorosa, marcada por la agresión y la persecución. El teólogo y filósofo Paul Tillich definía el coraje como «la autoafirmación del ser a pesar de aquello que amenaza con destruirlo». En ese entonces, nuestra autoafirmación era colectiva, ruidosa y urgente.
Los tiempos han cambiado, la vida ha sido un carrusel y hoy nos encontramos otra vez en un momento difícil que va más allá de lo político. Vivimos en una sociedad que parece olvidar el valor de la persona: ya no nos hablamos, solo nos escribimos con mensajes monosílabos; no nos escuchamos, solo vemos pasar imágenes en las redes sociales para luego interpretarlas a nuestra manera. Ya casi no nos abrazamos. Al contemplar la imagen de esa mariposa que vuela libre proyectando la sombra imponente de un ave rapaz, entiendo que mi coraje ha hecho esa misma transición: he dejado atrás la fiera beligerancia del pasado para abrazar la ligereza de mi presente, descubriendo que en la aparente fragilidad de una caricia o de un silencio se esconde una fuerza inquebrantable.
Esa danza que es mi coraje, esa en la que hago pirouettes para enfrentar mis miedos y sacar la voz, requiere necesariamente de esos encuentros de corazón a corazón, de un apretón de manos o de una mirada de frente que repare los espacios quebrados. Estoy dispuesta a defender la posibilidad de acompañarme y acompañar a otros en danzas y abrazos, para que podamos transformar esté presente de oscuridades diversas, en un espacio donde la luz hay que atraparla con fuerza para no perdernos los unos de los otros.
Y ahora que te hablo de este giro hacia la ternura, hacia los abrazos esenciales y hacia la luz que debemos atrapar juntos en medio de la desconexión actual, te pregunto, desde tu rincón de adagio, silencio buscado y filosofía, ¿cómo podemos ayudar a los que vienen detrás a encontrar el coraje para abrazar en un mundo que prefiere los monosílabos y las pantallas? ¿Cómo se enseña a danzar de corazón a corazón en tiempos de tanta hostilidad?
J.V.:— Que difícil pregunta Malu, sobre todo, porque la respuesta no puede ser individual, sino colectiva. Desde luego tengo una opinión, pero no quisiera que se quedara en un optimismo sin posibilidad alguna de concretarse.
Si me centrara en la teoría, te estaría respondiendo que la gran ayuda pasa por un sistema educacional diferente. Una escuela para la vida con sentido, para la colaboración y la formación ciudadana, pero pasan los gobiernos de uno y otro signo por los distintos países y no ocurre. La lenta democracia está siendo incapaz de dar una respuesta significativamente eficaz. Esa ineficacia es uno de los motivos por los que los más jóvenes ven ese "abrazar" al que te refieres en tu pregunta, como un romanticismo estéril y caduco. Parece entonces que no se trata de una simple cuestión de ley.
Las generaciones jóvenes no están desencantadas porque se pasen el día en las pantallas, lo están porque no ven futuro, por la distancia entre las promesas que se hacen para llegar al poder político y social y las oportunidades reales que se abren. Se les dijo que estudiando tendrían oportunidades, que el progreso era continuo, que la tecnología resolvería los problemas a los que la sociedad se enfrentaba, que la democracia representaba adecuadamente sus intereses. Y lo que encuentran es precariedad, incertidumbre, polarización y una sensación de irrelevancia individual.
Harari lo expresó contundentemente en sus "21 lecciones para el siglo XXI" (2018) "Es más fácil luchar contra la explotación que contra la irrelevancia". Y eso, precisamente, se relaciona con el coraje del que estamos hablando. La frase de Harari nos viene a decir que la explotación produjo un dolor que se convirtió en coraje, pero la irrelevancia silenciosa no alcanza para ello.
Entonces Malu, lo que imagino es promover experiencias que muestren lo contrario. Generar comunidades que se propongan pequeñas acciones que produzcan impacto en ámbitos distintos: las personas vulnerables, el medio ambiente, la colaboración entre improbables; de forma que vivan la incidencia que se puede lograr cuando desarrollamos protagonismo. La experiencia del protagonismo puede cambiar nuestras creencias.
Mostrar ejemplos de personas que, en su metro cuadrado, si han hecho cambios, es decir difundir el bien. Por mucho que los medios difundan lo contrario, a nuestro alrededor hay ejemplos que pasan inadvertidos. Usemos el poder del ejemplo.
Se trata de mover al asombro, de abrir esa ventana que nos trae la brisa de la posibilidad. Sí, es posible. No es cierto que nada pueda cambiar. Y, además, puede cambiar con sentido. Si nos propusiéramos eso, empezaríamos a observar islas más felices y comprometidas, que podrían convertirse en archipiélagos de mayor compromiso social.
Y ahora quiero hacerte mi última pregunta: ¿Has tenido experiencias que corroboran lo que digo? Cuéntanos, será muy esperanzador escucharlas.
M.E.:— El Archipiélago de la Esperanza: Mi historia con Lucy. Mi querido Juan, frente al bombardeo diario de noticias desalentadoras, decidí refugiarme en mi jardín secreto y recorrer en silencio mis 62 años de vida. De todas mis historias, hoy quiero hablarte de una mujer que cambió mi perspectiva: mi amiga y maestra, Lucy Droguett Diaz.
En abril de 2018, siendo Directora de Desarrollo Comunitario (DIDECO) en La Pintana, recibí a la Sra. Lucy, presidenta de la junta de vecinos El Roble. Una mujer delgada, de caminar lento pero seguro, me relató los problemas de su sector, y luego se plantó ante mí y me atravesó con crudeza: “¿Cuántos de todos estos problemas nos va a solucionar la Municipalidad?”. Al preguntarle cuál era el dolor más grave e ignorado en su barrio, no dudó: “La violencia contra las mujeres”. En ese instante eterno, recordé haber aprendido, que para sanar esa herida la primera acción obligatoria era romper el silencio; y eso era justamente lo que ella estaba haciendo conmigo.
Lucy, sobreviviente de esa violencia, estaba decidida a canalizar su dolor para levantar un espacio de contención social. Así, junto a 23 pobladoras, fundó el Taller Lamngen, germen de la actual Fundación Casa de Acogida Lamngen. El psicólogo Rollo May escribió que: “el coraje social y creativo es el descubrimiento de nuevas formas, nuevos símbolos y nuevos patrones sobre los cuales construir una nueva sociedad”. Lucy encarnaba ese coraje. Su esfuerzo vecinal —inadvertido para los grandes medios— demostró que es posible abrir ventanas de esperanza donde antes solo había vulnerabilidad.
Lo que comenzó como una pequeña isla creció con fuerza imparable. Entre 2021 y 2025, tras ganar el fondo de ComunidadMujer, su liderazgo consolidó una red de dirigentas locales capacitadas como primeras respondedoras jurídicas y afectivas, protegiendo directamente a más de 50 mujeres en la periferia de Santiago. Si observáramos y replicáramos estas acciones, veríamos que esas islas felices no están solas; poco a poco se unen hasta formar verdaderos archipiélagos de transformación social.
Para mí, esta es la consumación de la danza del coraje: dejar el aislamiento para ejecutar juntas un élancer hacia el futuro y un tourner que equilibre la oscuridad y la luz. Lucy me enseñó que cuando tomamos la mano de otra persona, el movimiento deja de ser un ejercicio individual y se convierte en una coreografía colectiva que transforma el espacio.
Y ahora, Juan, te miro a ti a través de este texto. Siento que habitas la inmensidad de tu propio mar interior con un oleaje pausado. Habiendo caminado juntos a través de nuestras bitácoras, te dejo mi última pregunta para cerrar este artículo articulado: en este momento de tu vida, donde navegas en lo profundo de tu océano, ¿cuál es para ti la esencia última de este camino de coraje que hemos recorrido? ¿Cómo conviven hoy tus sonetos, tus adagios y tus silencios buscados para seguir dándole sentido a la inmensidad de tu existencia?
J.V.:— La esencia última, Malu es mejorar el mundo en el que vivimos, recuperar una fraternidad perdida. Una cercanía que no supone uniformidad. Un verbo que ha ido tomando fuerza en mí en estos años es "habitar". Habitar con otros una vida en la que la cercanía y el cuidado sean valores fundamentales.
Y, para eso, es necesario contagiar el coraje como lo estamos entendiendo, para que sea un estado de ánimo colectivo. Se trata de no quedarnos esperando a que alguien lo haga, a que se den las circunstancias... Las circunstancias podemos crearlas. No es fácil, pero eso mismo se convierte en atractivo cuando nos mueve un sueño posible.
La esencia es pintar de colores la humanidad, que no sea una palabra que exprese una condición de especie, sino un propósito para habitar e invitar a vivir aceptándonos y aún más allá, respetándonos. Hay muchas Lucys en el mundo. ¿Cómo hacer que aparezcan? ¿Cómo darles espacio y colaborar con ellas?
Cada vez que termina uno de los programas de Biolibros que tú conoces, yo me quedo con la sensación de que estamos dando pasos para que el coraje se propague, porque la historia de nuestra vida nos muestra las veces en que ha sido protagonista en ella, aún en mínimos gestos. No necesitamos héroes. En cada uno de nosotros hay una luz especial. Hay que encenderla.
En lo que se refiere a mi existencia, te agradezco que la veas inmensa. En realidad, es una más, en la que trato de que haya otros. Y si trato de que la sensibilidad y el arte estén presentes. Creo que eso es bueno para la construcción de nuestro cerebro. Ahora estoy leyendo a Nazareth Castellanos, la referente de la neurociencia española. Ella dice saber desde dónde nos relacionamos con el otro es quizás el gran misterio del encuentro y el desencuentro. Yo creo que el arte y la belleza nos unen. A ellos recurro siempre que me es posible.
Por eso, lo que tú llamas mis sonetos, no pueden ser intermedios de una obra, no pueden ser para los breaks como descansos de la mente, sino parte del diálogo mismo, parte del propósito tras el que está mi voluntad de vivir esta etapa postrera de mi vida. Ya no trato de que estén en mi memoria. Trato de que formen parte de mi cerebro, es decir de mi forma de pensar. Algunas veces lo consigo.
Te agradezco mucho que aceptaras mi invitación y más aún al ver adónde nos ha llevado la conversación. Será más largo el abrazo la próxima vez que nos encontremos. Y siempre habrá próxima vez.
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María Luisa (Malu, Malú) y Juan empiezan a caminar. Juan le pregunta cómo va a ser este año su participación en la Fiesta de La Tirana, allá en el oasis de la pampa del Tamarugal, en la Región de Tarapacá, donde se celebra a la Virgen del Carmen dentro de unos días, como en ninguna parte del mundo.
Malu le cuenta y quiere saber cómo están organizando en la Corporación 3xi el encuentro con la pobreza que será también dentro de unos días. Mientras pasan por una esquina llena de hojas secas, se dan cuenta de la cantidad de personas que dedicarán horas de su vida al servicio del bien y de los mejores sentimientos que permitirán la esperanza, sin la cual no es posible el coraje.
Sonríen y se abrazan.