Sobre el temor que se aleja del miedo

Juan Vera - Artículo - Sobre el temor que se aleja del miedo
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La Corporación Desafío de Humanidad organiza encuentros mensuales para reunir personas para conversar sobre un tema previamente elegido. Los llamamos "La baguette de los viernes", porque nos juntamos un viernes al mes a la hora del almuerzo, alrededor de una fuente de baguettes de jamón serrano (una buena motivación). Este mes de junio el tema fue el miedo. Así, sin adjetivos. El miedo personal o el miedo social. El miedo, cualquiera fuera su causa . Los inductores del tema, en esta ocasión, fuimos Jaime Salvo y yo.

Previamente, Sara Smok envió al directorio de Desafío una columna del psicólogo social Miguel Jofré titulada "Chile ya no vive con miedo: vive con temor" ". Me pareció que la ocasión podía ser una buena instancia para profundizar esa diferencia. Parto por decir que, a la vez,  coincido y disiento con el columnista.

La primera idea es que el miedo es una emoción y el temor, un estado de ánimo. Lo que ya suscita una distinción en el lenguaje. 

Las emociones son respuestas a un estímulo concreto, ante esos estímulos nuestra respuesta emocional consulta poco a nuestro cerebro. Por eso Humberto Maturana nos enseñó que las emociones son predisposiciones para la acción y desde ese punto de vista no son un fenómeno interior que solo tenga impacto en nosotros.

En el caso del miedo, se trata de la respuesta inmediata a la percepción de una amenaza. Nos impulsa a actuar: huir, buscar protección o enfrentarla, cuando una evaluación automática nos hace sentir que podemos hacerlo o que no existe otra salida. 

El temor, sin embargo, no es inmediato. Implica que nuestros sentidos, nuestro corazón y nuestra mente conversan, ya existe, por tanto, un nivel de estado de conciencia. 

Lo común al miedo y al temor es la incertidumbre, el juicio de que existe un peligro. En un caso, ese peligro se experimenta en el presente; en el otro, se proyecta hacia el futuro como una posibilidad. 

Sin ponernos tan técnicos en el lenguaje podemos hablar de un camino en el que ante escenarios de riesgo pasamos de la inquietud, al temor, al miedo y al pánico; o al revés.

El miedo es peligro inminente. Lo acabamos de ver en Venezuela ante el terrible terremoto que ha asolado al país. Le pregunté cómo estaba a mi amiga venezolana, residente en su país, Marvin de los Ángeles Colmenares, profesora, locutora y creadora del programa "Poética de lo femenino" y me escribió: 

El miedo es una flecha ardiente e invisible, clavada en la frontera del pecho. Amenaza con arrancarte la vida, pero la verdadera sentencia es la parálisis: convertirte en un lugar al que ya no puedes llegar... 

El temor, en cambio, nos lleva a un estado de conciencia, y como todo estado de conciencia permite la reflexión sobre el futuro. Si prevalece la idea de que es imposible cambiar, el estado de ánimo temeroso puede ser más destructivo que el miedo, porque se extiende en el tiempo, pero puede ser también una alerta para lograr adelantarse al futuro indeseado y tomar medidas protectoras.

 
 
Juan Vera - Artículo - Sobre el temor que se aleja del miedo
 
 

Tiempos de manipulación

Por eso hoy vivimos tiempos peligrosos en la política, porque la polarización invita a usar el miedo que paraliza la reflexión ciudadana y propicia ponerse en manos de un padre protector o una madre salvadora. El verbo usar ya es significativo, porque cuando decodificamos las emociones podemos darnos cuenta de que pueden ser positivas o tóxicas en la medida en que la causa que las provoque sean ciertas o no, pero aún son más tóxicas cuando son intencionadas como una forma de manipulación. 

Hay interesantes estudios en este sentido sobre las emociones en la política. La filósofa norteamericana Martha Nussbaum nos alertó hace años en dos de sus libros “Emociones políticas" (2014) y “La monarquía del miedo" (2019).

Hoy la tecnología y las fakes news son instrumentos muy eficaces para producir un miedo que lleve a la búsqueda de populismos salvadores. Da igual que se vulneren los derechos humanos. Da igual la verdad. Cuando la supervivencia parece estar en juego, todo lo demás corre el riesgo de volverse secundario 

Por ejemplo, no es lo mismo decir que "el estado está quebrado". Realidad fáctica, que puede llevarnos a dar todo el poder a quien me lo hace creer, que decir que podemos enfrentar un escenario de desafíos o dificultades económicas graves, que nos invita a sentarnos a conversar sobre formas de enfrentarlo para evitar que ocurra.

Un gobierno que apela al miedo y un gobierno que ayuda a tomar conciencia de los temores de una sociedad pueden parecer similares, porque ambos hablan de amenazas, sin embargo, operan de maneras muy distintas. El miedo, como decíamos, tiende a estrechar el campo de visión. Cuando las personas sienten miedo intenso buscan protección inmediata. Están más dispuestas a aceptar soluciones rápidas, liderazgos fuertes y la reducción de ciertas libertades a cambio de seguridad.

El temor, en cambio, deja espacio para la deliberación. Una sociedad puede reconocer que teme el desempleo, la inseguridad, la fragmentación social, el deterioro ambiental o una crisis internacional, sin por ello caer en el pánico. 

El temor reconoce riesgos; el miedo puede amplificarlos hasta volverlos omnipresentes.

Por eso titulo este artículo "Sobre el temor que se aleja del miedo". Porque una sociedad madura no es aquella que no tiene temores, sino aquella que puede hablar de ellos sin transformarlos automáticamente en hostilidad hacia quienes piensan distinto.  Una sociedad que acude a la esperanza constructiva para enfrentar el desafío sin convertirlo en un designio.


 
 
 

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