Bunster, Vera y la IA

Bunster, Vera y la IA - Juan vera - Blog
Escucha: Bunster, Vera y la IA
 

Si el título de este artículo en vez de leído fuera escuchado, podría confundir y hacer pensar que es una historia de espías, porque en la rapidez de estos tiempos alguien podría escuchar CIA, en vez de IA. Lo que sí es que vamos a hablar de leer. 

Leer, hablar, escuchar, escribir, infinitivos para tener una conversación interesante como la que hace pocos días tuve con Gabriel Bunster, con quien siempre hemos tenido buenas conversaciones. Esta vez aún lo fue más. La espiritualidad, la política, la creatividad, la familia y la inteligencia artificial se mezclaron en un diálogo abierto y cercano.

Gabriel y yo practicamos, sin proponérnoslo, una forma de elegante distancia y afectuosa cercanía. Yo lo considero honesto, provocador y amable y enfatizo todo esto por si el lector considera que mi artículo es una forma de llevarle la contraria. Por si acaso, desde este momento seremos Bunster y Vera.

Poco después de nuestra conversación, me llegó el artículo que Bunster llama: “No leo y escribo, pero de alguna manera lo estoy haciendo”. En él cuenta que su forma de leer, en estos últimos meses, es fotografiar las páginas de los libros que le interesan y pedirle resúmenes a las diversas IA con las que opera. Después de ello, les pide conclusiones sobre los mensajes que el autor leído quiere dejarnos. Y, aún después de esos resúmenes, les pide que hagan el artículo que luego publica en su blog. 

Tomo unos párrafos de su artículo:

Durante siglos entendimos la lectura como el acto físico de recorrer palabras con los ojos. La escritura, como el acto físico de producir palabras con la mano. Pero quizás eso nunca fue lo esencial.

Lo esencial, creo, era otra cosa: incorporar ideas, relacionarlas con experiencias previas, generar comprensión, producir significado, comunicarlo a otros. Si miramos así el asunto, entonces sí estoy leyendo. Y sí estoy escribiendo. Solo que he externalizado parte del proceso.

Me gustó el concepto de externalizar, pero volví a la pregunta de nuestra referida conversación: ¿y podrá ser que, sin darnos cuenta, estaremos externalizando nuestro pensamiento también?

 
 
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La incertidumbre y el futuro del conocimiento

Uno de mis argumentos para mantener la duda es que Bunster no solo aprendió a leer en su infancia, sino que practicó la lectura abundantemente durante décadas. Y, desde ese saber y esa práctica, ceder y externalizar constituyen una decisión libre de alguien que conoce experiencialmente lo que hace. Pero ¿qué ocurrirá si esto lo hacen los jóvenes desde la escuela? ¿Qué cerebro estarán construyendo? “Somos según nos construimos”, dice la experta en neurociencia Nazareth Castellanos.

¿Cómo se construirá el cerebro de generaciones digitales que dejarán de leer, de calcular y de escribir?

De momento, sabemos que el último informe PISA, un estudio mundial para evaluar los sistemas educativos de diversos países y medir si los estudiantes de 15 años son capaces de aplicar sus conocimientos y habilidades para resolver problemas reales al finalizar su etapa de educación obligatoria, reveló, en diciembre de 2023 (último realizado), una caída histórica sin precedentes, especialmente en matemáticas y lectura.

¿Qué está pasando cuando contamos con más información que nunca, más medios y más tecnologías educativas? Me atrevo a plantearle a Bunster: ¿será que la externalización masiva afecta al pensamiento y a la capacidad de aprendizaje? Si es así, llegará el momento en que ellos no externalizarán: simplemente tendrán, obligadamente, que apoyarse en el bastón de la IA para poder caminar.

Supongamos que no es tan dramático como lo describo, pero ¿acaso no hay un sabor en la duración de la lectura? ¿Acaso no hay valor en el tiempo que transcurre entre pensamientos que aún no llegan al saber, que sienten el deseo de comprender, o en las palabras y su efecto evocador?

Lo que quiero enfatizar es que hay una diferencia entre el contenido, el mensaje o las conclusiones, y la experiencia lectora. ¿No será esa experiencia la que conforma nuestro cerebro y nuestra sensibilidad?

Le diría a Bunster: es cierto que llegas más rápido a Puerto Varas en avión y que recibes antes la sorpresa y el cariño de encontrarte con tu familia. Tardas más en automóvil, en moto o en bicicleta, pero conoces el paisaje de Chile, admiras llanuras, ríos, montañas y hasta puedes encontrarte a ti mismo. Que se lo pregunten al gran Jorge Milla.

¿Qué es más relevante para vivir la vida: el resultado o el proceso? ¿Los lestrigones, los cíclopes, las sirenas y el colérico Poseidón, o Ítaca? Incluso Konstantino Kavafis aconseja, en su poema, pedir que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias.

Una parte del drama de estos tiempos veloces es la pérdida del sentido. Y el sentido no es una conclusión: es la vivencia del camino. La velocidad, por lo tanto, no ayuda al sentido.

Pero, como Bunster es tan seductor, no pude dejar de consultarle a ChatGPT. Y su respuesta fue:

Un resumen es a un libro lo que una fotografía es a un paisaje.

La fotografía puede ser excelente, útil e incluso inspiradora. Puede mostrar dónde está la montaña y cómo es. Pero hay algo que solo ocurre cuando uno camina el sendero, siente el viento, se cansa y contempla el horizonte desde la cumbre.

Los resúmenes permiten conocer más montañas. La lectura completa permite que algunas montañas nos cambien.

Y quizás ahí reside la diferencia más importante: el resumen amplía el alcance de nuestro conocimiento; la lectura profunda amplía el alcance de nuestro ser.

Lo leí y me quedé en silencio. Bunster, Bunster, tenemos que tomarnos otro mocaccino.

 
 
 

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