Un Camino estratégico
Seguramente los versos más repetidos del poeta español Antonio Machado fueron los de “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.
Detrás de ellos hay una doble intención, la de declarar que no hay un camino previo, pero siempre hay un camino que hemos de construir si queremos llegar a algún sitio. El factor decisivo es el o la caminante que seamos. Lo inspirador de ese poema de su libro "Campos de Castilla" (1912) es su invitación a caminar, a hacernos responsable de nuestra vida y su historia.
Por otra parte, durante mucho tiempo, entendimos la estrategia como un ejercicio de predicción. Un intento de anticipar el futuro, de reducir la incertidumbre y trazar un recorrido claro para minimizar el error. El buen estratega era quien sabía antes que otros hacia dónde ir. Hoy, esa idea ha perdido fuerza. No porque el futuro haya dejado de importar, sino porque se ha vuelto demasiado abierto, demasiado dinámico e incierto.
En este escenario, la estrategia deja de ser un mapa cerrado y pasa a ser una forma de caminar. Una forma de estar atento mientras avanzamos manteniendo la pregunta de hacia dónde queremos avanzar.
Los "hacía" y los "para qués" se convierten en claves, porque caminar sin orientación no es estratégico. Puede ser una deriva sin propósito y el Propósito, así con mayúscula, no es solo una declaración, implica la convicción profunda del hacia dónde queremos ir, para que se convierta en una brújula íntima.
Hemos llenado el mundo de propósitos declarados: frases precisas y bien diseñadas, que buscan inspirar o completar un catálogo de misiones y visiones. Sin embargo, existe una diferencia silenciosa y decisiva, entre el propósito que se declara y el propósito que realmente conmueve nuestra existencia y se encarna en nosotros. Y para eso necesitamos una conversación con nosotros mismos. Una conversación en el silencio interior.
Cuando lo logramos, declararlo es sólo una cuestión formal que viene después de un verbo más poderoso: elegir. Una elección que no busca el reconocimiento externo, sino que calma la inquietud más profunda, esa que busca tener criterio.
Un mapa claro hacía a dónde ir
Hace unos meses definí un programa de acompañamiento al que llamé "Camino estratégico", como el título de este artículo. El programa es el resultado de analizar varias decenas de acompañamientos realizados en los últimos años, especialmente desde la pandemia y, sin duda influenciados por la nueva realidad de un ambiente laboral que puede tener cambios profundos con el impacto de la inteligencia artificial y por la longevidad.
Cuando nos movemos en realidades estáticas, también los comportamientos y aspiraciones suelen ser más uniformes. Lo que observé es que en los jóvenes el trabajo y la pertenencia tienen un significado distinto al que había tenido para las generaciones anteriores. Aún así, la duda sobre qué dirección tomar prevalecía sobre la simple decisión de buscar o aceptar un trabajo.
En los adultos de edades medianas aparecen preguntas más genéricas sobre si el camino trazado deben continuarlo o realmente tendrían que mirar nuevas oportunidades, dado que los 60 o 65 años ya no significan una estación terminal. ¿Cómo prepararse para 20 años más de estar activos?, ¿cómo vivir un presente en el que los ciclos de vida han cambiado en un entorno cada vez más dinámico y con menos certezas?
En otros casos aparece la pregunta ¿es esto todo? No como una crisis evidente, sino como la tensión interna entre lo que se ha logrado y lo que aún podría ser. La duda de estar siguiendo la inercia más que eligiendo estar donde están. ¿Sigue teniendo sentido lo que hago?
Finalmente. en aquellos que ya están en esas edades, que en otros momentos de la historia suponía jubilarse, ahora se enfrentan al desafío de seguir vigentes sin traicionarse, de reinventarse sin perder la identidad y pensar en horizontes nuevos y nuevas identidades.
En esos tres momentos, la estrategia no es la misma. Pero en todos ellos, el camino se construye del mismo modo: decidiendo desde un profundo encuentro interior.
Por eso, más que diseñar planes cerrados, la línea del programa busca el alineamiento del resultado de una profunda introspección y la lectura, también profunda, del entorno para encontrar un propósito que dé sentido y dirección.
Las diez primeras personas con las que trabajé en los últimos meses declararon al terminar que se encontraban en un momento de claridad ante el futuro y con la distinción entre avanzar y construir un camino. Los materiales para esa construcción suelen estar dentro de nosotros y no siempre son visibles.
Mi conclusión es que necesitamos convertir nuestra comprensible inquietud en atención y poner nuestra voluntad en empezar el viaje que es la vida, porque no siempre continuar es la mejor decisión. Empezar supone abrir ventanas y abrir los ojos. Camino estratégico es la invitación a un inicio.