Artículo sobre un artículo
En mi reciente viaje a Madrid me encontré con los 9 ejemplares del libro "Filosofía aplicada al Coaching" que todos los coautores debíamos comprar para hacer posible la edición de este libro colectivo.
Esta fue una iniciativa de la psicóloga y coach Cris Bolivar, quien, en el año 2022, invitó a un grupo de coaches cercanos al pensamiento filosófico a que escribiésemos sobre las bases filosóficas del coaching, cuando nos referimos a él como un proceso de acompañamiento riguroso y no como un ejercicio más cercano a una mezcla de autoayuda y marketing que tanto daño ha hecho a esta profesión.
El proyecto, como puede verse por las fechas, no resultó tan sencillo, y no fue por la tardanza de los escritores, sino por la complejidad de que una editorial le diese la suficiente importancia al tema. Al menos, quien suscribe consideró en varios momentos que había sido una interesante fantasía, que nos había servido para escribir e investigar. Desde luego, eso ya tiene un valor en un mundo de escasa escritura y menos articulación.
En la versión inicial se me sugirió que escribiese sobre filosofía, política y coaching, dado que buena parte de mi experiencia ha estado centrada en el acompañamiento a personas del poder político. Ese fue el título que figuraba en la tabla que Bolivar nos envió el 22 de agosto de 2022. Finalmente, introduje un cambio en el momento que empecé a sentir que el nombre del artículo se removía en mi interior, pidiendo su propia independencia. Y el artículo terminó siendo "La política, la filosofía, el coaching y las noches estrelladas".
La promotora de la idea se resistió algo a la inclusión de las "noches estrelladas". ¿Qué tenía que ver eso con la idea inicial? Yo no cedí. Tanto la política, como la filosofía y el coaching han pasado por noches oscuras y tal vez sigan pasando por ellas.
En el caso de la política, la noche es profunda cuando escribo este nuevo artículo. Qué mejor que reconocer que, cuando se pierde la virtud, es bueno recordar que en la más oscura noche del alma aparecen las estrellas.
Ya en el siglo XVI, Juan de la Cruz escribió un poema y un tratado sobre este tema. Tanto la madurez espiritual como la madurez de la política recorren caminos que se acercan a peligrosos desfiladeros capaces de despeñarlas hacia el más profundo vacío.
En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
Así empieza el famoso poema. Saber que en esa noche existen también el amor, el sosiego y el ansia de que todo vuelva a resplandecer, permite vivirla como una noche estrellada.
Un artículo puede centrarse en la descripción de un fenómeno y su contexto, pero también puede optar por convocar a la esperanza y esa fue la opción que tomé y que hoy reviso en las páginas publicadas.
Y, con esa misma esperanza no ingenua, escribo estas líneas cuatro años después, para traer al presente el final de aquel artículo, yacente durante todo ese tiempo en un Word, que pudo haberse quedado perdido en la oscuridad y el silencio. Algo parecido estuvo a punto de ocurrirle al escrito de Juan de la Cruz, luego elevado a santo, retenido por sus hermanos carmelitas, que se resistían en aquellos tiempos a las reformas de la Orden.
Y finalmente las noches estrelladas
Somos parte de un todo, quiebres y preguntas, poder y quietud, unos y otros los distintos, tanto en la individualidad como en los colectivos en los que nos agrupamos por razones diversas. El gran desafío sigue siendo el de construir un mundo en el que todos quepamos, de la misma forma en que personas de todas las latitudes, orígenes, religiones, ideologías y causas pueden conmoverse juntas escuchando una historia de profundo dolor o la Tercera Sinfonía de Beethoven, la Eroica, siempre que no conozcan la ideología del autor y caigan en el error de priorizar los juicios sobre los sentimientos, las verdades construidas desde la razón sobre las emociones que compartimos como humanos.
Porque siempre es posible crear una nueva realidad si liberamos nuestra mente y nos permitimos sentir el silencio o la brisa, la presencia de otro, la sensación de humanidad compartida, para la que no tenemos lenguaje. Joseph Jaworski, en su libro Sincronicidad. El camino interior hacia el liderazgo (1996), describe su encuentro con Francisco Varela y recoge unas palabras de este que quiero traer aquí para ir concluyendo este capítulo:
Tomamos postura y hacemos la declaración de crear una nueva realidad. No se trata de una declaración arbitraria, porque en nuestro ser tenemos la certeza interna de que podemos reinventar el mundo hasta ese punto. Sentimos que es el momento adecuado; esa realidad ya está en el sistema y sólo espera ser manifestada.
Una de las intenciones del coaching social podría ser contribuir a la creación de ese momento adecuado, permitir que nos hagamos la pregunta de si la realidad a la que se refiere Varela está pendiente de ser manifestada o los seres humanos aún somos incapaces de percibir las múltiples manifestaciones que existen, perdidos en una forma de mirar que elude aquello que llega por los canales que no validamos, enfrentados a las diferencias como si fueran errores que deben ser eliminados.
Las noches estrelladas de los desiertos del mundo, en especial el desierto de Atacama, permiten que nos demos cuenta de nuestra insignificancia y a la vez de la inmensidad inexplicada, pero no por eso menos real. Ante ello nuestras peleas resultan infantiles. Expandir el respeto como modalidad de convivencia expresa un sentido político al que podemos servir y aún más si somos muchos quienes nos abrimos a ello.
Me imagino un coaching que permita habitar ese desierto en el que sería fácil hacer propia la frase de Friedrich Hölderlin que cita Alberto Beuchot en su capítulo de este libro: «El ser humano es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona».
No olvidemos que Hölderlin fue una gran inspiración para Heidegger, el filósofo que poéticamente profundizó en el ser. «¿Quién es el hombre?», se preguntó. Y respondió: «Aquel que tiene que atestiguar lo que es». No lo plantea como una obligación impuesta por alguien, sino como algo que nace de la propia esencia de su existir.
Mirando las noches estrelladas es fácil atestiguar que somos observadores de una inmensidad que nos invita a la humildad y desde ella sería más fácil sentarnos a conversar unos y otros, dejando a un lado el requerimiento de vencer, convencer o demostrar. Sería esa una sociedad en la que el poder, la filosofía, la política y el coaching formarían parte del mismo guión".
Hoy también la noche se llenaría de estrellas si llegara una nueva generación de políticos, filósofos y ciudadanos que optarán por el amanecer de un nuevo diálogo para desdibujar las fronteras que nos separan, tan artificiales como destructivas.
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